Patricia González, una vida de deporte con diabetes

Hoy queremos presentaros a Patricia González, una luchadora que lleva viviendo con diabetes tipo 1 prácticamente toda su vida. Pese a su joven debut, siempre ha tenido claras sus responsabilidades y nunca se ha topado con un reto que no pueda superar. Y es que su filosofía es muy contundente y positiva (y seguro que os suena de otras grandes deportistas que han pasado por este blog): “La diabetes sólo te limita hasta donde tú la dejes”.

El deporte siempre ha sido uno de los pilares de su vida y desde que empezó a correr en serio, no ha parado de cosechar éxitos, incluyendo su victoria en una maratón; y ahora, prepara nada menos que un ultratrail. Sin más preámbulos, dejamos que Patricia nos cuente sus experiencias en primera persona.

Te diagnosticaron diabetes tipo 1 con tan sólo 4 años… ¿recuerdas algo de tu debut?

La verdad de lo que es el debut en sí no recuerdo nada, lo cierto es que apenas tengo recuerdos de mi vida sin diabetes. Lo que si recuerdo como si fuera ayer, es que dado que en aquélla época aun no disponíamos de glucómetros, tenía que ir todas las semanas en ayunas donde una enfermera que tenía la consulta cerca del colegio a que me sacaran sangre. Eso lo recuerdo porque no me gustaba nada; siendo tan pequeña que me tuvieran que sacar sangre todas las semanas con aquéllas agujas enormes lógicamente conducía a lloros y pequeñas rabietas.

Pero un día, ya no lloré ni grité, lo que sorprendió a la enfermera y en ese momento le pedí perdón por las rabietas que solía coger y le dije “ya soy mayor, no volveré a llorar”; a partir de ese momento y con poco más de 4 años, digamos que adapté la diabetes a mi vida y nunca dejé que fuera un límite a nada que me propusiera hacer. Siempre la he visto como algo que ha estado ahí todos los días de mi vida y que tengo que controlar, no viendo ese control como una obligación, sino como algo que forma parte de mí y lo hago por inercia, como el que tiene problemas de visión y nada más levantarse se pone las gafas o las lentillas.

¿A qué edad comenzaste a ser autónoma en las responsabilidades de tu diabetes? ¿Te costó adaptarte?

Pues con 5 años ya empecé a pincharme sola en varias ocasiones, lo cierto es que yo era la que quería aprender a hacerlo, no me gustaba mucho que me pusieran las inyecciones (en aquélla época no teníamos bolis como ahora, y las jeringuillas tenían unas agujas de tamaño importante) y quería aprender a hacerlo sola, para poder ponérmelas yo misma, pues sabía que me iba a hacer menos daño.

De hecho, mi abuelo era practicante y no le dejaba que me las pusiera, quería aprender y hacerlo yo, así que entre mis padres y mi abuelo me enseñaron a hacerlo, aunque a priori eran ellos los que controlaban las unidades de insulina etc… de acuerdo con las cifras de glucosa. Es por ello que no me costó nada adaptarme, pues fui yo misma la que quería aprender a hacerlo. Eso ha permitido que en el colegio y en el instituto no haya tenido nunca problemas con respecto a excursiones o viajes de estudios, pues los profesores veían que yo era independiente en ese sentido y que sabía auto gestionarme, de manera que nunca tuve impedimentos a ese respecto.

Pese al susto inicial de tus padres, siempre habéis logrado un gran control de tus glucemias y mantener a raya las complicaciones. ¿A qué achacas haberlo logrado?

Pues creo que ha sido fundamental lo que se movieron mis padres en aquélla época para comprender bien esta enfermedad; claro estoy hablando del año 1984, así que redes sociales, información on line etc… era algo impensable. Lo primero que hicieron fue darse de alta en la Asociación de Diabetes de Vizcaya ASVIDIA, y entre los cursos que ofrecía la Asociación y la ayuda de todo el equipo de endocrinología del Hospital Universitario de Cruces, ellos dispusieron de una buenísima educación diabetológica (algo que considero fundamental en este tipo de patología, para que el paciente se implique en su control desde el principio y maneje toda la información para hacer su vida diaria), que luego supieron transmitirme a mí, y algo que creo que ha sido muy importante es que me enseñaron a tratar mi diabetes no como una carga, sino que como algo que tenía que controlar yo misma y adaptarlo a mi vida, no adaptar mi vida a la diabetes, con el fin de que nunca supusiera un límite a cualquier cosa que quisiera hacer y que los límites me los marcara yo misma.

Insistes en que la actividad física siempre ha sido uno de los pilares de tu vida. ¿Puedes darnos algún gran recuerdo que te haya ofrecido el deporte? (Aparte de la maratón de Logroño) ¿Y uno malo?

Un recuerdo que tengo de mi infancia y el deporte, como método para controlar la glucosa en sangre, es que tres días a la semana mi madre me llevaba a nadar al polideportivo de Txurdinaga, y esos días los esperaba ansiosa porque sabía que después de nadar podía comerme un paquete pequeño de patatas fritas, y en aquélla época, que lo de los bolos correctores era impensable, para una niña tan pequeña, era el mejor premio del mundo. Así que iba encantada a nadar y me alegraba el día cuando veía a mi madre esperándome en la puerta del colegio con la mochila para ir a las piscinas; los otros dos días tenía gimnasia o ballet y como salía de clase justo para llegar a la hora de la cena, siempre había alguna cosa un poco especial como tortilla de patata, un poco de pizza…

Un recuerdo muy importante para mí que tengo grabado a fuego en la memoria en relación al deporte, ya siendo adulta, ha sido este año en la carrera de montaña Kosta Trail que se celebra en Sopelana y que donan parte de sus beneficios a causas relacionadas con la diabetes. En esa carrera participamos varios miembros de nuestro equipo, y es un fin de semana en el que nos juntamos, conocemos a algunos a los que aún no hemos puesto cara y solo hemos hablado por las redes, compartimos experiencias y sobretodo nos reímos y pasamos un buen rato.

Ese día salimos sin pensar en marcas, sólo en disfrutar de la compañía del resto de compañeros, y cuál fue mi sorpresa este año cuando en los últimos 5 kilómetros me indicó uno de los voluntarios que era la segunda fémina, así que apreté para llegar a meta cuanto antes y poder celebrarlo con mi familia y amigos; según llegaba al arco de meta veo a mis compañeros de equipo arremolinados y gritando, a mi madre sacando fotos y a mi padre, así que sólo quise esprintar para abrazar fuerte a mi padre sin poder contener las lágrimas (gracias a ellos, que me han apoyado desde el primer momento que quise empezar a correr como hobby, he conseguido llevar a cabo muchos de los retos que me he planteado y cuando he tenido que abandonar siempre han estado para apoyarme, evitar que tire la toalla y siga peleando por mis sueños); después de ello todos mis amigos me abrazaron y ese fue el mejor trofeo que he ganado en mi vida, esa unión y cariño del que pude disfrutar en ese momento.

Malos no son demasiados, porque incluso de las retiradas en pruebas trato de sacar algo en positivo para la siguiente carrera; eso sí, en ese momento se te cae el mundo encima, pero pasados dos días ves las cosas de otra manera, tomas nota de los errores que hayas cometido y ya estás pensando en el siguiente objetivo, pues esto lo hacemos por hobby y para disfrutar, en el momento que esto último no se dé, mal asunto.

Este año conseguí dorsal para la Hiru Handiak, una prueba de trail que consiste en recorrer un total de 100 kilómetros, haciendo cumbre en las tres cimas más importantes del País Vasco (Gorbea, Amboto y Aizkorri). Había entrenado muy duro preparando esa prueba, probado estrategias con la bomba de insulina, con los aportes/comida que iba a tomar durante el recorrido etc… y todo eso podríamos decir que lo clavé, en ese sentido iba genial (lo que más me preocupaba era ajustar bien las basales con la bomba de insulina, pues no llevo mucho tiempo con ella, desde abril de este año, y era la primera vez que me enfrentaba a esta distancia en una sola etapa), bomba controlada, muy bien de piernas, pero alrededor del kilómetro 40 comencé a tener problemas de estómago, empezaron los vómitos y no podía ni retener agua en el estómago, así que tomé la decisión de abandonar sobre el kilómetro 43.

En ese momento sentía rabia, no había previsto bien el frio, las temperaturas cayeron en picado a la noche llegando a los 0 grados en las cumbres y me confié, no haciendo uso del cortavientos, así que en un tramo hasta la cima del Amboto el sudor se fue quedando frio y me pasó factura. Conseguí subir al Amboto como pude, y cuando bajaba ya comprendí que así no podía seguir, así que me dirigí en compañía de mi amigo Samuel Díaz Palacios (también con diabetes tipo 1, con el que comparto entrenamientos y carreras) hacía los todoterrenos para que me acercaran a Urkiola donde iban a recogerme mis padres (siempre están ahí), aun sí, todavía me planteaba seguir, pensando que igual si iba un rato andando se pasaría el malestar, pero Samuel en ese momento me implantó la cordura y me dijo que así no podía ni debía continuar, así que con mucha pena le hice caso y me retiré, él continuó y por supuesto acabó.

Empezaste en serio con el running en 2012 y tu despegue fue meteórico. ¿Fue un chispazo, un impulso especial el que te lanzó a esta carrera, o fue más bien la continuación lógica a una vida haciendo deporte?

La verdad que fue más bien un impulso especial lo que me hizo adentrarme en el mundo del running; yo iba al gimnasio de forma habitual y estaba un poco agobiada de estar entre cuatro pareces, y como mi tío Javi llevaba muchos años corriendo, pues me animé a empezar con ello. Comencé a salir todos los días a correr, al principio medía hora, luego enseguida pasamos a la hora, dos horas etc… hasta que pensé “pues igual corro un maratón”.

Mi tío había corrido ya muchos, así que yo lo veía como el inicio más lógico, pues en mis entrenamientos ya superaba la distancia de 21 km, digamos que empecé a construir la casa por el tejado (ahora comprendo que fue un objetivo osado, así que a todo el que se adentre en este mundo recomiendo que empiece poco a poco) y en mayo de 2012 corrí mi primer maratón en Vitoria. No fue fácil, porque no tenía todos los conocimientos que tengo hoy en día con respecto a diabetes y deporte de esas características, y acabé con la glucosa bastante alta por haber ido tomando una bebida que llevaba por miedo a las hipoglucemias. No entendía porque había acabado tan alta, así que comencé a estudiar a fondo todo lo relacionado con la diabetes y deporte de larga duración etc… y tomando nota de mis errores, y también de mis aciertos, he conseguido aprender a gestionar la diabetes con este tipo de deporte, y ver como funciono, pues ya sabemos que cada uno somos un mundo y en estas cuestiones no tenemos las mismas necesidades.

El año pasado conseguiste ganar tu primera maratón, un exitazo al alcance de personas con una gran capacidad de superación. ¿Qué sentiste al cruzar la meta? Tuviste que superar algún momento complicado… ¿cómo lograste mantenerte en la carrera?

Cuando crucé la meta la verdad que no me lo creía, vi a lo lejos la cinta y cuando la rompí no daba crédito. Los últimos kilómetros no fueron fáciles, pues alrededor del kilómetro 34 me bajó la glucosa en sangre a 40 mg, de forma que tuve que reducir muchísimo el ritmo y aguantar los último 8 kilómetros y 195 metros sin reservas de glucosa en el cuerpo y con una hipoglucemia ya difícil de remontar en movimiento, pero seguí adelante utilizando geles de glucosa Gluc Up 15, acompañándolos con bebida con un alto contenido en azúcares que daban en los puestos de avituallamiento para que la glucosa remontara a cifras óptimas lo antes posible, pues en movimiento y ya agotadas las reservas de glucógeno, cuesta más revertir esa situación; así conseguí mantener la primera posición durante toda la prueba, sacando un margen de 7 minutos a la siguiente fémina.

Recuerdo que en el km 1 el ciclista que señalaba quién era la primera fémina se puso a mi lado y dijo “ahí va la primera”, yo pensaba “este se ha equivocado, tirará ahora más adelante” y cuál fue la sorpresa que se mantuvo a mi lado toda la carrera, no daba crédito cuando llegué a arco de meta y vi la cinta desplegada, no sé si un momento así se volverá a repetir en mi vida, pero en ese instante lo único que pasaba por mi cabeza era una premisa que siempre me acompaña LA DIABETES SÓLO TE LIMITA HASTA DÓNDE TÚ LA DEJES.

Patricia González, deportista amateur con diabetes tipo 1

¿Cuál es tu equipamiento básico cuando te entrenas o corres? ¿Qué es lo que no falta nunca en tu mochila?

Dependiendo de la distancia que vaya a afrontar opto por llevar un cinturón que se adapta bien al cuerpo, e impide que rebote, con varios compartimentos o un chaleco que dispone de portabidones y multitud de bolsillo (este último principalmente para pruebas de ultratrail).

Siempre llevo conmigo el glucómetro, con el pinchador y un bote de tiras reactivas, ahora también la bomba de insulina, varios geles de glucosa y alguna barrita. Si el entrenamiento va a ser una distancia importante y voy a ir por monte o zonas poco transitadas también llevo el móvil (por si acaso) y agua con sales minerales, pero sin azúcares, para evitar deshidratación y poder hidratarme cuando lo necesite sin tener que andar controlando la glucosa sanguínea. En carrera no llevo nunca el móvil, y bidones de agua sólo en aquéllas de trail en las que los puestos de avituallamiento están dispuestos cada más kilómetros, así evito llevar cosas de más que puedan molestarme.

¿Qué consejo darías a aquellas personas que acaban de debutar en diabetes? ¿Y a los padres de niños o niñas debutantes?

En primer lugar, les diría que en un primer momento será un shock y que no queda otra que pasar el duelo; en el caso de niños muy pequeños lo es más para los padres que los propios niños, recuerdo que yo no fui consciente del debut y como ya comentaba es algo que lo recuerdo siempre en mi vida y que ha formado parte de ella, así que resultó mucho más duro para mis padres que para mí.

No deben desalentarse, una vez pasado el duelo, es importante que sean conscientes que con un buen control de la enfermedad, no tiene por qué haber cambios en su vida, sino que lo que deben hacer es adaptar la diabetes a su vida diaria, sin necesidad de cambios drásticos. Desde mi punto de vista para ello es imprescindible una buena educación diabetológica, que debería proporcionarse en todos los centros sanitarios en el momento del debut, con el objeto de que el paciente aprenda, sin atemorizarle (que esto es algo de lo que se peca muchas veces, y no creo que sea la mejor manera), a gestionar su diabetes, que aprenda que aquí muchas veces 2 + 2 no son 4, y que deben estudiarse a si mismos, para comprender cómo determinados factores afectan a la glucosa en sangre y en qué medida a cada uno.

Y algo muy importante es que incluyan el deporte como una parte fundamental de su tratamiento junto a la insulina, con esto no quiero decir que tengan que correr un maratón, peo si incluir una actividad física en sus vidas de forma diaria, ya puede ser pasear, correr, nadar o lo que quieran, no tenemos que tener ningún límite a ese respecto, los límites nos los debemos poner nosotros mismos y no dejar que la diabetes controle nuestra vida. Si al principio se sienten agobiados, desde mi punto de vista es recomendable que bien a través del hospital o la Asociación a la que pertenezcan traten de hablar con pacientes con años de evolución, pues eso les puede otorgar tranquilidad y seguridad de cara a su futuro, e incluso darles recomendaciones o consejos…

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