Llega el verano: ¿cómo me protejo del sol y el calor?

La operación salida ha dejado de ser un círculo en el calendario para convertirse en una realidad. Los planes de vacaciones ya no son planes, sino puro descanso y felicidad. Y muchas familias ya han dejado el hogar para desconectar de sus responsabilidades laborales y retomar fuerzas al sol y a remojo en lugares donde el sol les dé los buenos días a diario.

Este verano promete ser uno de los más calurosos y secos de los últimos tiempos, según previsiones de AEMET. Hay a quien levanta el ánimo ver subir la barrita roja del termómetro, pero no cabe duda de que esta situación presenta también una serie de riesgos que conviene tener en cuenta para evitar sustos, tales como los golpes de calor, las quemaduras, la deshidratación…

Y en el caso de las personas con diabetes, estos riesgos pueden ser aún más evidentes y por tanto han ser aún más resolutivas las medidas preventivas. Reponer líquidos durante el día y beber agua con regularidad debe ser aún más prioritario en los pacientes con esta enfermedad, y a que los altos niveles de glucosa en sangre pueden incrementar el riesgo de deshidratarse. Por tanto, la botella o cantimplora de agua deberá estar siempre a mano y llena.

Por otro lado, hay que prestar especial atención a las posibles bajadas de azúcar, ya que los síntomas más leves pueden ser confundidos con la típica desgana del calor veraniego. De este modo, ante una sudoración excesiva o un cansancio evidente, será aconsejable tomar una medición.

Por último, no te olvides de vigilar tus glucemias con regularidad, especialmente si vas a sentarte tras el volante durante varias horas: una hipoglucemia puede ser mucho más peligrosa cuando se circula a altas velocidades.

¿Y la medicación?

Como ya sabéis quienes lleváis tiempo conviviendo con la diabetes conocen las peculiaridades y consejos sobre el almacenamiento de la insulina. Los fabricantes recomiendan guardarla a temperatura ambiente en el frasco de insulina en uso, para evitar que se enfríe demasiado y cause más dolor al inyectarla. En cualquier caso, conviene guardar repuestos adicionales en la nevera. La temperatura ideal para guardarla es entre 4 y 8ºC (nunca por debajo de 2ºC), pero si pasas todo el día fuera de casa quizás tengas dificultades… Para tales casos, conviene llevar contigo un recipiente térmico enfriado (como una nevera portátil).

¡Lo mismo vale para el glucagón! La famosa “cajita naranja” que todos esperamos no tener que usar también tiene que ser almacenado en frío. Al igual que en el caso de la insulina, también convendrá meterlo en la neverita portátil si tenemos planeado pasar largas horas sin acceso al refrigerador.

Dicho esto, confiamos en que estas precauciones sean suficientes para que podáis pasar un verano sin contratiempos y, sobre todo, ¡con el máximo disfrute posible!

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