Diabetes y natación: precauciones para nadar en el mar

Seguro que has escuchado más de una vez que la natación es uno de los deportes más completos que existen, ¿verdad? Pues has de saber que cuando el río suena, agua lleva, y esta cantinela que llevas oyendo desde las primeras veces que te bañabas en la piscina es, efectivamente, cierta. La natación es un gran deporte que requiere el uso de fuerza y ejercita los sistemas cardiovascular y respiratorio, lo cual es muy beneficioso para el organismo. Además, es un deporte de bajo impacto que no daña a las articulaciones. Por si eso fuera poco, es una actividad magnífica para desconectar del estrés diario y relajar la mente.

Además, es un deporte que ofrece grandes beneficios para las personas con diabetes: por un lado, su componente aeróbico facilita la quema de grasa y ayuda a prevenir el sobrepeso; por otro lado también tiene una vertiente anaeróbica (de fuerza), que combinada con la cardiovascular puede ayudar a mejorar el control de la diabetes tipo 2.

¿Y deporte tan completo y fabuloso no tiene su lado negativo? Una de las quejas habituales que impiden a la gente practicar la natación con más asiduidad suele ser la monotonía producida por las continuas idas y venidas en las calles de la piscina, sorteando a otros nadadores y, en ocasiones, hasta niños… En otras palabras, puede hacerse aburrido, aunque esto es por supuesto muy relativo. Sin embargo, si eres de esas personas que no encuentran el lado atractivo a la natación en piscina y vives en la costa, siempre te queda la opción de ir a tu playa más cercana y nadar en el mar.

Nadar en el mar… ¿eso no es peligroso?

Cualquier deporte puede ser peligroso, si no se tienen en cuenta ciertas precauciones. En el caso de la natación en aguas abiertas, estas medidas preventivas han de ser, lógicamente, más extremas que en la piscina, pero no hay motivo para no poder disfrutar de una sana sesión de nado si se tienen en cuenta estos aspectos:

  • Previsión del estado del mar. Es el primer e ineludible paso antes ni siquiera de calzarte el bañador. Infórmate de las previsiones meteorológicas antes de salir de casa, y nada únicamente con bandera verde. El mar puede ser traicionero en ocasiones, y el rojo y el amarillo están para avisarnos del peligro.
  • Conócete. Tú has de saber mejor que nadie tu estado de forma. Si no eres capaz de hacer un kilómetro y medio sin detenerte en piscina cubierta, no te plantees todavía nadar en el mar, ya que no tendrás bordillo al que agarrarte para coger aire.
  • No te alejes demasiado de la orilla. Nada relativamente cerca de la costa, aléjate lo justo para evitar el romper de las olas, y nada en paralelo a la playa. No salgas de la zona delimitada para bañistas y, si es posible, busca una profundidad que te permita hacer pie
  • Nada acompañado. No vayas nunca en solitario a nadar en el mar. Busca un amigo o amiga que te acompañe, y si sois varios mejor. Si uno de vosotros sufriera un tirón, una hipoglucemia o cualquier percance en mitad de la travesía, podrá contar con brazos sanos que le echen un cable. Además, seréis más visibles para las embarcaciones si vais en grupo, y más aún si lleváis una boya de seguridad.
  • Alimentación. Asegúrate de haber comido bien un rato antes de empezar a nadar, y de que tu cuerpo tiene la glucosa necesaria para llevar a cabo el ejercicio. Y como toda precaución es poca, conviene que lleves a mano durante el nado un aporte de glucosa de rápida absorción, como un stick de Gluc Up 15, por si tu glucemia sufre un bajón durante el ejercicio. Te cabrá sin problemas en una riñonera impermeable.

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