Diabetes y colegios: ejemplos de buenas prácticas

La diabetes es una enfermedad crónica, y esto hace que su prevalencia aumente a medida que vamos avanzando en los tramos de edad. Sin embargo, no es despreciable el número de menores de 15 años con diabetes en España; el cálculo está en 29.000 según Fundación para la Diabetes, siendo la gran mayoría casos de diabetes tipo 1.

Ahora que el regreso a las clases está a la vuelta de la esquina, echamos una mirada por uno de los entornos clave de los niños con diabetes: el centro escolar. Para muchos padres y madres de niños con diabetes, delegar en el centro escolar la salud de sus pequeños supone una gran preocupación; y es que muchos colegios carecen de medidas o protocolos específicos para el alumnado con necesidades sanitarias especiales, de un enfermero o enfermera con conocimientos sobre la diabetes, e incluso de un control de las cantidades de hidratos en el menú escolar. Según una encuesta de Fundación para la Diabetes el 70% de los padres y madres de niños o niñas con diabetes no les dejan a comer en el centro.

Pero hoy no queremos dedicar el artículo a la denuncia ni a resaltar lo negativo de una problemática que afecta a tantas familias en nuestro país, sino a subrayar las buenas prácticas que sí se están llevando a cabo en otros centros escolares. Para ello, hablamos con las personas que pueden contarnos con mayor detalle y de primera mano su experiencia con estos colegios: los propios progenitores.

María Jesús nos cuenta que en el Colegio Corazonistas de Vitoria tienen muy claras las necesidades de su hija con diabetes. El centro cuenta con una nutricionista que se encarga de preparar los menús de niños con alergias y otros problemas.  «En el caso de mi hija, cuando iba al comedor no tenía que esperar ninguna cola para entrar pues tenía preferencia y preparada la bandeja con la comida pesada con las cantidades que yo le había dicho a la nutricionista en función del menú», cuenta María Jesús.

Pero la implicación del colegio no se limita a las comidas, los profesores también están al tanto. «Cuando debutó les lleve un libro que me dieron en la Asociación para entender mejor la diabetes tipo 1». Los docentes eran plenamente conscientes de sus necesidades. «Se podía hacer los controles cuando ella necesitase en mitad de cualquier clase y si le hacía falta comía. Debutó con 9 años y durante los 2 primeros cada vez que se hacía el control me llamaba por teléfono desde el mismo pupitre para informarme y que yo le dijese si estaba bien, o tenía que comer o pincharse insulina. Así hasta que fue controlando».

Además, también estaban preparados para lo peor. «Guardaban un glucagón y les expliqué cómo utilizarlo, aunque por suerte no hizo falta».  Además, recuerda María Jesús, jamás le pusieron «ninguna pega por excursiones de día ni de varios días». Para ella, su experiencia es la norma. «Me parece algo tan normal que cuando oigo otros casos no lo comprendo».

Por su parte, Alejandra sólo tiene loas para el instituto público de su hijo con diabetes. «Está muy preparado y cualificado», relata. Cuando debutó hace dos años no necesitaron insistir mucho. «Ya están acostumbrados a tratar con alumnos y alumnas con diabetes y saben cómo actuar en cada momento».

Al igual que en el caso de María Jesús, tampoco han tenido problema con las salidas escolares. «Ha ido de viaje a excursiones como cualquier otro niño, sin pegas ni impedimentos». También en materia de alimentación están plenamente concienciados. «Le piden sus raciones y conocen el problema. Él llega, coge su bandeja y no espera».

Confiamos en que estos casos, tanto de la enseñanza pública como la privada, sirvan de ejemplo y poco a poco vayan convirtiéndose en la norma. ¿Tenéis más ejemplos como éstos? ¿Queréis compartirlos con nosotros?

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