Del mito de los Reyes Magos a la realidad del daño del azúcar

Aunque en países anglosajones y otras partes de Europa la Navidad ya haya llegado a su fin, en nuestro país quedan aún unos días para una festividad muy nuestra, muy especial, que hace que nuestros pequeños (y muchas personas adultas, para qué negarlo) aún conserven el espíritu navideño durante una semana más. Hablamos, por supuesto, de la noche en la que Melchor, Gaspar y Baltasar entrarán en nuestros hogares para dejar regalos y dulces a los niños y niñas que se hayan portado bien este último año.

Los Reyes Magos no traen regalos sólo a los hogares españoles. En otros países hispanohablantes como Argentina o Uruguay también celebran esta tradición de origen católica y tienen el 6 de enero señalado como festivo en el calendario. Según cuenta la leyenda bíblica, unos magos llegaron de Oriente para adorar al niño y traerle tres consabidos regalos: oro, incienso y mirra. Sus nombres y los títulos reales son detalles que se agregaron durante los siglos posteriores en la tradición popular y se han mantenido hasta nuestros días.

Por todo el mundo es sabido que los niños y niñas que se portan bien reciben regalos (algunos de los cuales han podido ir en su lista de Reyes, y otros serán sorpresas), además de dulces, chocolates y otros añadidos que amenizan la vista bajo el árbol… y amenazan la salud de los pequeños si no se controlan las cantidades.

Y es que después de las bolsas de chuches viene la tradición del chocolate, el roscón, los churros… Tradiciones todas ellas que, si bien se limitan a un día al año, no conviene dejar de vigilar o,  al menos, tratar de reducir su impacto en nuestra salud. Por ejemplo, podemos hacer el roscón o los dulces caseros, para controlar a la perfección las cantidades de hidratos que contiene cada porción, llevar un cálculo exhaustivo de la cantidad de dulce que consumimos tanto nosotros como nuestros hijos e hijas… y, por qué no, a la hora de elaborar la lista de Reyes, intentar que pidan accesorios para el deporte (bicicleta, patines, balón de fútbol…) frente a juguetes más “sedentarios” como una videoconsola.

Sobre todo, conviene vigilar mucho las dosis de azúcar, ya que se ha convertido en una sustancia muy difícil de esquivar. Miles de alimentos procesados llevan azúcar, de forma visible o camuflada, y es complicado eliminarlos de nuestro consumo diario. Ante el creciente número de estudios que evidencian la relación entre el exceso de azúcar y enfermedades cardíacas, diabetes y obesidad, han ganado fuerza los movimientos anti-azúcar que apuestan por la reducción consciente del consumo de azúcar, dentro de unos límites razonables. «El objetivo no es eliminar todos los azúcares, sino los que no se encuentran de forma natural en los alimentos», señala el periodista del New York Times David Leonhardt.

No es, desde luego, un asunto a tomar a la ligera, especialmente cuando hablamos de personas en edad de desarrollo. Como recientemente señalaban expertos de hospitales de Valencia, Torrevieja y Murcia, “el exceso de azúcar propio de la navidad puede desencadenar carencias vitamínicas en niños y niñas”.

Sin querer elevar una voz alarmista, sí queremos aprovechar nuestro pequeño estrado digital para llamar a la cautela sobre el consumo responsable de azúcar, especialmente en estas fechas de tantos excesos. Y como deseo a los Reyes Magos, les pedimos que nos traigan, sobre todo, salud y felicidad.

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